🌍 Mangos y batidos durante toda la noche en la India

Saludos desde Alleppey, en el sur de la India.
Espero que estéis todos bien y disfrutando de la temporada alta. Aquà hemos tenido otra semana de lo más ajetreada en la India, trabajando a toda máquina y sin dormir prácticamente nada. Enseguida os explicaré por qué…
La semana pasada os contaba que nos vimos en medio de las histĂłricas «protestas» y del calvario burocrático con la UE al que se enfrentan los artesanos indios. Si os lo perdisteis, podĂ©is poneros al dĂa aquĂ.
Bueno, por fin hemos llegado a un lugar tranquilo. Nuestro hotel está junto a los canales (backwaters) de Kerala, y empiezo a recordar cĂłmo suena el silencio. Pero la India y el ruido… ¡¡madre mĂa!!
Tras la feria comercial, volamos a Ahmedabad, en Gujarat, y luego nos dirigimos por carretera hacia Khambhat: la «Ciudad de los Cristales» de la India.
Puede que nuestros lectores habituales recuerden el alojamiento donde nos quedamos la Ăşltima vez cerca de Khambhat: un motel de carretera bastante básico, que incluĂa chinches, cucarachas y misteriosas manchas rojas en las paredes. El tipo de lugar en el que duermes completamente vestido e intentas no investigar nada.
Esta vez, uno de nuestros contactos en el sector de las piedras preciosas nos recomendó alojarnos en Anand, a unos 40 minutos de distancia, en el hotel «H». Consulté las opiniones. Eran malas. Muy malas.
Pero nuestro contacto insistiĂł y, afortunadamente, tenĂa razĂłn. Habitaciones amplias y limpias, personal amable; de ​​hecho, encantador. Cuidado con las reseñas negativas falsas; es algo muy comĂşn en la India. Nos alegramos de haber encontrado un lugar cĂłmodo donde descansar, algo que necesitábamos mucho.
Solo habĂa un pequeño problema.
HabĂamos llegado en pleno Navratri, el gran festival de mĂşsica y danza de Gujarat. Y cuando digo «danza», no me refiero a un par de personas moviĂ©ndose con calma antes de irse a dormir.
Toda la ciudad parecĂa vestida para una boda. Atuendos preciosos, familias enteras saliendo juntas, grandes grupos reuniĂ©ndose para bailar garba en las calles y en recintos preparados para la fiesta. Varios de estos lugares estaban convenientemente situados cerca de nuestro hotel.
Muy cerca.
Alrededor de las diez de la noche, la música cobró fuerza de verdad. Imaginen una rave a la que le han quitado el control de volumen, acompañada de láseres y fuegos artificiales constantes. Multitudes inmensas.
DURANTE. TODA. LA. NOCHE.

Y recuerden: Gujarat es un estado «seco» (donde el alcohol está prohibido). Esta gente celebraba a base de batidos y jugo de mango. Sea lo que sea que le añadan al jugo de mango, merece una investigación más a fondo.
Lunes, martes, miĂ©rcoles… durante todas las noches de nuestra estancia, la ciudad estuvo de fiesta. Mientras tanto, nosotros mantenĂamos reuniones con proveedores de piedras preciosas que, al parecer, habĂan estado en esas mismas fiestas; aun asĂ, llegaban con la mirada despejada, la mente aguda y listos para hacer negocios.
Nosotros, en cambio, apenas podĂamos recordar en quĂ© bolsillo habĂamos guardado nuestras gafas.
Aun asĂ, entre bostezo y bostezo, logramos avanzar bastante en el apasionante trabajo con piedras preciosas. Hay algo en Khambhat —sus conocimientos, sus habilidades, sus posibilidades— que siempre nos hace volver. Eso sĂ, la prĂłxima vez consultarĂ© el calendario de festividades antes de revisar las opiniones sobre los hoteles.

Luego llegó nuestra pequeña aventura para comprar algo de beber.
El señor Chatterjee querĂa comprar whisky. Cerca del hotel habĂa una tienda de licores autorizada que atendĂa a los visitantes que contaban con los permisos necesarios. AsĂ que Toni y yo lo acompañamos, pensando que tal vez podrĂamos comprar una cerveza mientras estábamos allĂ.
Sin embargo, primero necesitábamos un permiso personal para adquirir alcohol. Tres caballeros estaban sentados tras un escritorio, gestionando el papeleo con esa parsimonia que sugiere que nadie ha logrado nunca apresurarlos.
Nos tomaron fotografĂas. Firmamos documentos —contĂ© doce lugares donde tuve que hacerlo—. Luego, en el momento oportuno, tuvimos que sentarnos frente a una cámara de video y mover la cabeza de un lado a otro. En algĂşn lugar, supongo, alguien estaba verificando que yo fuera realmente David y que, efectivamente, tuviera la intenciĂłn de beber una cerveza. Nada parecĂa avanzar.
Charlamos con los otros clientes, varios de los cuales portaban pasaportes estadounidenses —en su mayorĂa, indios que trabajan en el sector tecnolĂłgico y que habĂan regresado a casa para las festividades—. De vez en cuando, el caballero de la izquierda abrĂa la puerta de un almacĂ©n —dejando a la vista tentadores palĂ©s de cerveza—, desaparecĂa en su interior y, al poco tiempo, regresaba con una bolsa de papel marrĂłn bien llena.
Todo resultaba maravillosamente clandestino, considerando la enorme cantidad de trámites oficiales que conllevaba.
Con el paso del tiempo, mi entusiasmo por aquella cerveza empezó a desvanecerse. «Bueno, chicos», dije, con voz bastante alta. «Vámonos. Estoy perdiendo el interés en la cerveza; ya no voy a esperar más».
En ese instante, el tercer caballero cobrĂł vida de repente. Sospecho que se habĂa pasado toda la noche de fiesta.
«¡SĂ, señor David! ¡No se vaya!».
Intercambiaron unas palabras, el primer caballero salió disparado hacia el almacén y, al poco, aparecieron el whisky y la cerveza.
Para entonces, ya habĂa firmado tantas declaraciones que quedaba meridianamente claro que todo era para consumo personal, dentro de mi habitaciĂłn de hotel. PaguĂ© y nos marchamos.
Toni comentĂł que solicitar una hipoteca requerĂa menos papeleo.
Tras nuestra estancia en Khambhat, regresamos al aeropuerto de Ahmedabad y nos despedimos de Toni. Fue un momento bastante emotivo. DespuĂ©s de semanas viajando, trabajando, desarrollando productos y sobreviviendo juntos a algĂşn que otro hotel más que cuestionable, resulta extraño ver cĂłmo el equipo empieza a separarse. Él volĂł a Mumbai y, desde allĂ, continuĂł hacia España. Nosotros tomamos un vuelo hacia el sur, a Kochi, para visitar fábricas de alfombras de fibra de coco.
Y ahora estamos aquĂ, en Alleppey, junto a los canales.
Por fin, algo de paz. Agua, vegetaciĂłn, un respiro… y, con suerte, una noche en la que lo Ăşnico que dĂ© vueltas en cĂrculos sea el ventilador de techo.
La próxima semana les contaré más detalles desde este encantador rincón de la India.
Mientras tanto, en casa, Halloween está a la vuelta de la esquina y la Navidad ya se asoma. Espero que sus tiendas tengan mucha actividad, que los preparativos avancen bien y que encuentren cosas útiles entre las ofertas de esta semana.
¡CuĂdense!